El diamante es carbono puro cristalizado en el sistema cúbico, (del griego antiguo αδάμας, adámas, que significa invencible o inalterable) el más duro de los cuerpos, generalmente incoloro, aunque también los hay de colores fantasía. Es la más preciada de las piedras preciosas y posee gran brillo una vez tallada. Los criterios para juzgar el valor de un diamante son: el peso, la talla, la pureza y el color.

La mayoría de los diamantes naturales se forman en condiciones de presión y temperatura extremas, existentes a profundidades de 140 km a 190 km en el manto terrestre. Los minerales que contienen carbono les proveen de este elemento, y el crecimiento tiene lugar en periodos de 1 a 3,3 mil millones de años, lo que corresponde, aproximadamente, del 25% al 75% de la edad de la Tierra. Los diamantes son llevados cerca de la superficie de la Tierra a través de erupciones volcánicas profundas por un magma, que se enfría en rocas ígneas conocidas como kimberlitas y lamproitas.

Diamante en bruto

Los diamantes pueden ser identificados por su alta conductividad térmica. Su elevado índice de refracción también es indicativo, pero otros materiales tienen similar refractividad.

Tallas más comunes del diamante

Brillante            Óval                Pera               Marquise           Princesa           Corazón          Baguette       Esmeralda        Cushion

La talla Brillante

  La talla brillante está matemáticamente diseñada para que un diamante presente el máximo brillo y la máxima dispersión. En la talla brillante se fijan los ángulos correctos que hay que dar a las facetas de la corona y de la culata, respecto al plano del filetín, y las proporciones adecuadas.

El término brillante puede ser utilizado de forma aislada. Cuando decimos es un “brillante” queremos decir, y así está internacionalmente aceptado, que se trata de un diamante tallado en brillante.

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